ABRIL. La civilización del buen gusto
El buen gusto no es un privilegio ni un capricho. Es el reflejo de una cultura que ha entendido que la belleza, la educación y la tradición son valores que no necesitan justificación. En este mes he decidido mostrar mis ciudades favoritas Madrid y París, que no son solo ciudades; son la expresión de ese saber estar que no busca imponerse, sino perdurar. Aquí, la historia no es un peso, sino una huella; la elegancia no es una pose, sino un lenguaje. Por eso sigo decidiendo el buen gusto, el equilibrio, la distinción que no necesita exhibirse. Porque mientras algunos reducen la cultura a números y pretenden tasar lo que nunca comprenderán, aquí en EUROPA seguimos, con la certeza de que la belleza y la inteligencia no admiten impuestos. Hoy, abril, el mundo se encoge bajo decisiones que lo reducen todo a cifras y tarifas. Pero el estilo no se mide en aranceles, ni la civilización se negocia en despachos. Hay cosas que escapan a su lógica: la luz dorada sobre Madrid, el eco de la historia ...